mercoledì 5 agosto 2026

Discurso en el acto inaugural de la Microhidroeléctrica Comunitaria La Cidra (Santiago Rodríguez)

En un día como hoy, en el cual estamos reunidos para celebrar la culminación exitosa de un proceso largo, quiero resaltar especialmente un aspecto.

Y, para eso, quiero empezar con una pregunta: ¿Qué hace especiales estos proyectos y sistemas?

La pregunta tiene sentido, puesto que de su respuesta depende aquella a otra pregunta que, en varias ocasiones nos han puesto algunos funcionarios públicos y representantes de otras entidades: ¿Qué sentido tiene que el Estado haga la inversión de esta manera participativa, en lugar de ejecutar las obras con el mecanismo clásico de licitación y contratación?

La respuesta a ambas preguntas está en el modelo y enfoque de estos sistemas, que, desde la fase de estudio, se sustentan en el empoderamiento de las comunidades y personas beneficiarias, así como en una visión integral del territorio y sus recursos.

Estos proyectos, más allá de cerrar una brecha importante de acceso a servicios de base para poblaciones vulnerables, son una escuela en la cual cada persona e institución participante se educa al desarrollo. En el proceso aprendemos cuáles son los elementos clave de la sostenibilidad, una palabra frecuentemente abusada, que se pierde en los convenios e interminables informes redactados en ambientes estériles, bien lejos de la frustración de quien, en su lucha diaria para la defensa del territorio, constata desconsolado el deterioro progresivo de sus recursos.

Estos sistemas, que, para ser construidos y manejados adecuadamente, requieren de la articulación de numerosos actores, cuya contribución, sin importar la magnitud, es fundamental para alcanzar la meta, muestran el camino a seguir para hacer las cosas de la manera correcta.

Con estas iniciativas el Estado avanza hacia la sostenibilidad, puesto que esta depende, por un lado, de un marco político y legal que la sustentan, y, por el otro, del compromiso de comunidades e individuos que, viviendo de los recursos presentes en sus territorios, los conservan y protegen, generando servicios ecosistémicos que sustentan la economía de grupos humanos mucho más grandes.

El futuro de nuestro país y, más ampliamente, de la sociedad humana, se juega alrededor de tres pilares: seguridad hídrica, seguridad alimentaria y seguridad energética. Todos, entrelazados entre sí, pasan por la gestión del territorio y sus recursos.

Estos sistemas son una garantía de que se preserven las cuencas hidrográficas en su parte más relevante para la producción de agua.

Las comunidades, recordando el esfuerzo que tuvieron que hacer para lograr el acceso a la electricidad, deben asumir la responsabilidad de cuidar estos sistemas y gestionarlos oportunamente. Todas nuestras entidades, que hemos apostado a la coordinación y colaboración, tenemos el deber de seguir acompañando a los grupos locales, respaldándolos en su lucha contra intereses particulares que amenazan los territorios.

Los buenos resultados alcanzados hablan por sí solos, dando los méritos y la visibilidad a cada una de las entidades y personas de buena voluntad que aportaron, sin importar si fue un granito o un saco de arena.

En un mundo dominado por los conflictos y la imposición de poder, todos y todas aquí presentes apostamos a una humanidad que sabe valorar y aprovechar su diversidad para encontrar soluciones sostenibles.

¡Muchas felicidades a todas y todos!