domenica 13 settembre 2026

Humanizando y deshumanizándose

Vivimos en una época en la cual estamos llevando a cabo esfuerzos enormes para humanizar a las máquinas, mientras deshumanizamos progresivamente a las personas.

Esa deshumanización se hace cada vez más evidente en numerosos aspectos de la vida diaria. Sin embargo, los indicadores más claros de esa tendencia se identifican en el creciente individualismo y la progresiva degradación de las capacidades analíticas y críticas.

De esa manera, las sociedades se convierten cada día más en agrupaciones de autómatas, que se conforman con aspirar a dosis cotidianas de dopamina, perdiendo de vista el crecimiento espiritual.

En el contexto general ha venido desapareciendo la reflexión existencialista, aquellas preguntas sobre el porqué, para qué y hacia dónde que han movido al ser humano desde el momento en que adquirió conciencia de sí mismo... aquellas preguntas que desde tiempos inmemoriales lo han impulsado a ir más allá, en busca de una respuesta, siguiendo la conclusión del Ulises dantesco, quien, condenado por haber sido consejero fraudulento, pero exaltado por su inteligencia y espíritu, afirma: "Fatti non foste per viver come bruti, ma per seguir virtute e conoscenza"... ¡"No fuisteis hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento"!

Discurso en el acto inaugural del sistema solar fotovoltaico de Rancho Valdés, Rancho Tomás y Pequero (Pedro Santana, Elías Piña)

En un día como hoy, en el cual estamos juntos para felicitarnos recíprocamente por los resultados obtenidos, quiero resaltar un aspecto clave, que hace únicos estos proyectos y evidencia la importancia de seguir impulsándolos.

Lo que celebramos es, indudablemente, el hecho de que poblaciones vulnerables hayan conseguido el acceso a un servicio de base tan relevante como la electricidad. Definitivamente, contar con electricidad marca un antes y un después en la vida cotidiana de las personas, abriendo el camino para impulsar el desarrollo socioeconómico de comunidades que viven en condiciones de extrema precariedad. Sin mencionar la relevancia del uso productivo de la electricidad, para impulsar la mejora de los ingresos, ¡piensen solamente en la revolución que conlleva, especialmente para las mujeres, el hecho de que en un hogar entre la lavadora!

Sin embargo, este no es el único motivo de celebración, ni el más importante. En el día de hoy, aplaudimos sobre todo la manera en que hemos logrado hacer todo esto. Todo lo que celebramos hoy ha sido posible gracias al trabajo conjunto de todas las entidades que han colaborado. Entre ellas, las comunidades beneficiarias tienen un rol central: el acceso a la electricidad ha requerido un compromiso especial de cada familia, quien ha asumido la responsabilidad de la mano de obra no especializada necesaria para construir los sistemas y, luego de la entrada en funcionamiento, asume su manejo, cumpliendo con el pago por la electricidad que consume y con la provisión de los servicios que le sean requeridos por el Comité Comunitario de Gestión.

Es alrededor de este modelo que todas las instituciones y organizaciones que estamos acompañando el proceso venimos coordinándonos, de manera que se saque el mayor provecho de las fortalezas de cada una. De esta manera, damos centralidad al territorio y a las personas que lo habitan, quienes, como dolientes de sus recursos, pueden velar para que las cosas funcionen oportunamente.

En un mundo dominado por el individualismo, los conflictos y las imposiciones de poder, con la celebración de la puesta en funcionamiento de estos sistemas, estamos dando un mensaje muy potente a todos los tomadores de decisiones: impulsar el verdadero desarrollo implica romper con los esquemas acostumbrados, abriéndose a establecer alianzas exitosas basadas en el logro de objetivos comunes centrados en las comunidades.

Construir un mundo más justo y equitativo requiere del esfuerzo de todas las personas y entidades que operan en el territorio a diferentes niveles, garantizando que las comunidades locales cuenten no solamente con un espacio en las mesas de toma de decisiones, sino también con las herramientas para poder participar en paridad de condiciones con los demás actores. Por eso, un componente fundamental de estos proyectos es el fortalecimiento organizacional y del capital social de las comunidades beneficiarias, quienes se capacitan, por un lado, para manejar sus sistemas administrativa y técnicamente, y, por el otro, para contar con herramientas que les permitan avanzar en su desarrollo humano.

Es este el modelo de desarrollo en el cual creemos y esperamos que podamos seguir aportando nuestro granito de arena para que la República Dominicana siga distinguiéndose por haber apostado a las comunidades locales y continúe difundiendo estas acciones a otros países.