En
un día como hoy, en el cual estamos juntos para felicitarnos recíprocamente por
los resultados obtenidos, quiero resaltar un aspecto clave, que hace únicos
estos proyectos y evidencia la importancia de seguir impulsándolos.
Lo
que celebramos es, indudablemente, el hecho de que poblaciones vulnerables
hayan conseguido el acceso a un servicio de base tan relevante como la
electricidad. Definitivamente, contar con electricidad marca un antes y un
después en la vida cotidiana de las personas, abriendo el camino para impulsar
el desarrollo socioeconómico de comunidades que viven en condiciones de extrema
precariedad. Sin mencionar la relevancia del uso productivo de la electricidad,
para impulsar la mejora de los ingresos, ¡piensen solamente en la revolución
que conlleva, especialmente para las mujeres, el hecho de que en un hogar entre
la lavadora!
Sin
embargo, este no es el único motivo de celebración, ni el más importante. En el
día de hoy, aplaudimos sobre todo la manera en que hemos logrado hacer todo
esto. Todo lo que celebramos hoy ha sido posible gracias al trabajo conjunto de
todas las entidades que han colaborado. Entre ellas, las comunidades
beneficiarias tienen un rol central: el acceso a la electricidad ha requerido
un compromiso especial de cada familia, quien ha asumido la responsabilidad de
la mano de obra no especializada necesaria para construir los sistemas y, luego
de la entrada en funcionamiento, asume su manejo, cumpliendo con el pago por
la electricidad que consume y con la provisión de los servicios que le sean requeridos por el Comité Comunitario de Gestión.
Es
alrededor de este modelo que todas las instituciones y organizaciones que
estamos acompañando el proceso venimos coordinándonos, de manera que se saque
el mayor provecho de las fortalezas de cada una. De esta manera, damos
centralidad al territorio y a las personas que lo habitan, quienes, como
dolientes de sus recursos, pueden velar para que las cosas funcionen
oportunamente.
En
un mundo dominado por el individualismo, los conflictos y las imposiciones de
poder, con la celebración de la puesta en funcionamiento de estos sistemas,
estamos dando un mensaje muy potente a todos los tomadores de decisiones:
impulsar el verdadero desarrollo implica romper con los esquemas acostumbrados,
abriéndose a establecer alianzas exitosas basadas en el logro de objetivos
comunes centrados en las comunidades.
Construir
un mundo más justo y equitativo requiere del esfuerzo de todas las personas y
entidades que operan en el territorio a diferentes niveles, garantizando que
las comunidades locales cuenten no solamente con un espacio en las mesas de
toma de decisiones, sino también con las herramientas para poder participar en
paridad de condiciones con los demás actores. Por eso, un componente
fundamental de estos proyectos es el fortalecimiento organizacional y del
capital social de las comunidades beneficiarias, quienes se capacitan, por un
lado, para manejar sus sistemas administrativa y técnicamente, y, por el otro,
para contar con herramientas que les permitan avanzar en su desarrollo humano.
Es
este el modelo de desarrollo en el cual creemos y esperamos que podamos seguir
aportando nuestro granito de arena para que la República Dominicana siga
distinguiéndose por haber apostado a las comunidades locales y continúe
difundiendo estas acciones a otros países.